lunes, 7 de enero de 2019

Arte. Edad Moderna. El Barroco.



Artemisia Gentileschi, violada a los 18 años, cuestionada, humillada, menospreciada… Es lógico que la pintora barroca viera a María Magdalena un modelo a seguir. Una de las más importantes discípulas de Jesucristo, que ni siquiera entró en el «dream team» de los 12 apóstoles y hasta fue símbolo de mujer pecadora «que amó mucho». Todos sabemos lo que quieren decir estas palabras.
La figura de María Magdalena no interesó nunca a una institución patriarcal como la Iglesia, pero Gentileschi la retrató en varios de sus lienzos como mujer fuerte (la mano derecha de Jesús, nada menos) o empoderada (en extasis, es decir en orgasmo) o como aquí, mirándonos melancólica después de sufrir todo tipo de vejaciones. Un icono feminista que resiste bella y voluptuosa a los embistes del patriarcado.
Triste y sensual, Magdalena enseña su hombro, y también su axila, que si nos fijamos recuerda claramente a la vulva femenina. Sus ojos están llorosos y se apoya en una de sus manos rendida ante la melancolía, como reza el título del cuadro, una melancolía que sin duda debía sentir también la artista ante los tormentos que tuvo que sufrir por el simple hecho de ser mujer.
Podríamos decir que estamos casi ante un autorretrato de la propia Artemisia.
Fuente:https://historia-arte.com/obras/maria-magdalena-como-la-melancolia

PORCIA hiriéndose en el muslo.
Elisabetta SIRANI. Italia, 1.664.

Título original: Porzia si ferisce alla gamba
Colección particular
Técnica: Óleo (101 × 138 cm.)
Escrito por: Miguel Calvo Santos

 Elisabetta Sirani fue una grandísima pintora del barroco italiano, concretamente de la Escuela de Boloña. Quizás Sirani no sea todo lo conocida que debiera, pero ahí tenemos para descubrir una inmensa cantidad de cuadros realizados por ella (y eso Sirani que murió con solo 27 años…).
Por supuesto, en la Italia del XVII mucha gente no se creyó que una mujer podía pintar tanto y tan bien, por lo que Sirani se vio obligada en más de una ocasión a pintar en público para demostrar la autoría de sus obras, que ya triunfaban en toda Europa… Porque Sirani fue además la primera pintora de proyección internacional, con taller propio y mucha clientela, todo un referente para las mujeres artistas que vendrían después.
Una de estas obras es Porcia hiriéndose en el muslo, donde Sirani representa a la hija de Catón y esposa de Bruto, uno de los asesinos de Julio César. Porcia se sentía ninguneada por su marido, que no le contaba nada de la conspiración y para demostrar que era tan fuerte como un hombre, se cortó el muslo para demostrar podía mantener el secreto incluso bajo tortura. Bruto, al ver la herida en el muslo, no volvió a ocultarle nada a Porcia y le contó con pelos y señales todo en complot.
Al fondo, unas mujeres trabajan en «sus labores», pero en primer plano Porcia, estoica, aguanta el dolor con el cuchillo en mano, como Sirani aguantaba el pincel. Está claro que Elisabetta Sirani quería demostrar con este cuadro una cosa: que las pintoras son tan válidas como los pintores.
Fuente: https://historia-arte.com/obras/porcia-hiriendose-en-el-muslo

SAN BARTOLOMÉ.
José de Ribera.1630.
San Bartolomé
Esta obra del tenebrista español que tanto se distancia en modelos, mensaje y modo de expresar su rebeldía de su admirado italiano, nos pinta aquí, con una más que acabada pintura, a un anciano de mirada estremecedora. Es el gesto de un hombre de fe. Su exterioridad trasmite pobreza, pobreza a los ojos de los hombres de este mundo, más sus ojos y sus manos, fieles mensajeros de lo que esconde el alma, trasmiten una mística «determinada determinación».
Es San Bartolomé, que sostiene con su mano derecha el cuchillo, apenas visible por las tinieblas, con que será desollado vivo y convertido en mártir cristiano. No es un fanático religioso desafiando pasar por el cuchillo a quien contradiga su creencia, es un mártir dispuesto a pasar su cerviz bajo el cuchillo del enemigo para probar y defender con su propia vida la verdad en la que cree.
Testimonio de voluntad, que no busca convencer, sino conmover. Ribera, de acuerdo con la ortodoxia católica, pinta innumerables cuadros de santos y mártires, motivo fundamental tanto de la pintura como de la escritura devocional y apologética de la llamada Contrarreforma. A través de ellos se reflejaba de forma peculiar y ajena a toda argumentación racional, por lo extraordinario de tales «efectos» obrados sobre sus personas, la presencia de otro orden, invisible e interior a ellos, que no era, ni podía ser el de este mundo. La ejemplaridad de sus vidas y la increíble sujeción de sus voluntades a lo divino, conformaban así las mejores «señales» o huellas con que dar a conocer a aquellos que no tenían experiencia de ello, cómo se había manifestado la presencia divina.
Evangelizador y fundador del cristianismo en Armenia. Patrón de curtidores, es símbolo de aquel que se deja literalmente la propia piel por afirmar su voluntad y su fe en sus obras. Se dice que Miguel Ángel escogió a este santo como modelo para retratarse en él tras su sacrificial obra de la capilla Sixtina.

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