viernes, 5 de enero de 2024

La Europa Feudal





1.EL FEUDALISMO EN EUROPA.
1.1. Introducción. Antecedentes y origen.
El territorio ocupado por el Imperio Romano conocerá en la Edad Media tres civilizaciones: el Imperio Bizantino (en la parte oriental),  el Imperio musulmán  y los Reinos Germánicos (Imperio Romano de Occidente).
Entre los reinos germánicos, destacó el de los francos, que alcanzó su esplendor con Carlomagno (768-814), coronado emperador por el Papa en la navidad del 800 d. C, y que llegó a dominar gran parte de Europa occidental: Imperio Carolingio.
Pero este imperio se dividió, al ser repartido entre sus herederos (3 nietos) por el tratado de Verdún (843 d. C); lo que unido a las llamadas Segundas Invasiones (a partir del s. IX): la llegada violenta de diversos pueblos procedentes del norte -vikingos-, del este – búlgaros y húngaros- y del sur, musulmanes, provocó un  ambiente de inseguridad y miedo que facilitó el desarrollo de un sistema económico-social denominado Feudalismo.
1.2. Cronología y características.
El feudalismo fue un sistema político, económico y social característico de Europa occidental entre los siglos IX y XV, cuyos rasgos más destacados fueron: la pérdida de poder político de los reyes, una economía fundamentalmente agraria, una sociedad basada en las relaciones de dependencia entre las personas y una enorme influencia de la religión cristiana.
En definitiva, los reyes incapaces de proteger y dominar sus territorios, confiaron su defensa  a poderosos nobles locales que concentraron grandes extensiones de tierra, donde vivían una gran masa de campesinos sin propiedades.
1.3. Monarquía feudal.
Los numerosos reinos y Estados europeos estaban dirigidos por reyes (monarcas), que consideraban que su poder procedía de Dios. En teoría eran poderosos porque dirigían el ejército, legislaban y juzgaban, pero en la práctica sólo eran “el primero entre sus iguales”, porque los nobles actuaban con gran independencia y a veces con más riquezas y ejércitos. No tenían residencia fija sino diversos castillos, a los que se trasladaba para controlar sus posesiones. El reino era su patrimonio personal, por lo que lo divide según su conveniencia y gobernaba con la ayuda de la Curia Regia: grupo de notables.












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